ENTRE LA REALIDAD Y LA FICCIÓN, UN VIAJE HACIA UN MUNDO DESCONOCIDO
"Las manos me sudaban, el cuerpo reaccionaba de manera extraña, tuve que consumir más de 14 hongos para encontrar un estado de vértigo diferente que me permitiera entender y encontrarme conmigo mismo", afirma Nicolás con una sonrisa en los labios y con los ojos cansados después de una larga noche del más anhelado viaje de su vida: uno con hongos alucinógenos
Nicolás Fernández es uno de los muchos jóvenes que por estos días buscan un "encuentro" espiritual y ancestral, para el cual viajó con un grupo de amigos a Villa de Leyva, su intención era continuar un proceso de sanación y renovación que, asegura, ha conseguido gracias al consumo de hongos alucinógenos. Salió de su casa con un morral gris, unos zapatos sucios y la pinta desaliñada que lo caracteriza, producto de su tendencia cultural "rasta". Su intención no era otra que recolectar la mayor cantidad de hongos posibles, cocinarlos y consumirlos para obtener un viaje dimensional que le permitiera enfrentar sus miedos.
Al llegar al sitio conocido como "La Periquera" en la zona rural de Villa de Leyva, Nicolás, Mario y Claudia, sus amigos que lo acompañaron durante el viaje por tierra, decidieron comenzar el ritual; Con el sol alumbrando a pleno medio día, prepararon una aguapanela, donde meticulosamente fueron cortando y mezclando el agua que borbollaba con los flotantes hongos. La intención era que esta aguapanela quedara más potente que lo que habían consumido en el viaje anterior tres meses antes, cuando para ellos participar de este ritual, no era más que una búsqueda curiosa por vivir sensaciones diferentes. Hoy, ya más consientes de lo que van a hacer, esperan encontrar la llave para darle sentido a su vida, enfrentar sus miedos y encontrarse con ellos mismos.
Después de media hora de cocción a fuego lento en una fogata improvisada con piedras y palos viejos, la aguapanela estaba lista para consumir. Iniciado el viaje, no hay más compañía que ellos mismos y su naturaleza. Realizaron una fila y uno por uno Nicolás y sus amigos fueron tomando altas cantidades de un líquido viscoso, como una especie de aguapanela amarga.
"Después de 15 minutos el piso se hacia ligero, nos vino un ataque de risa y todo se veía diferente, sentía por un momento que estaba en otro planeta que estaba en otro mundo el cielo se me hacia infinito, yo no caminaba en ese momento, simplemente sentía que levitaba, mis pies se hundían y me sentía gigante con patas de elefante. Y las cosas que tenía a mi alrededor eran tan diferentes a como se veían en ese momento del mundo real ", el trance había comenzado y ya no había vuelta atrás. Solo quedaba una opción, relajarse y entender el proceso que está por comenzar; el miedo es inminente, pues como todos los seres humanos la incertidumbre se aprovecha de las emociones cuando se pierde el control de la situación. "Las piernas me temblaban, la ropa se iba haciendo cada vez más ligera y uno empieza como a flotar: el miedo se va disipando y solo queda un estado de regocijo y alegría". La risa y el llanto se mezclan en un solo sentimiento, el tiempo cambia, la mirada se torna diferente por más de dos horas. Nicolás se siente solo a pesar de estar junto a Mario y Claudia, sus dos compañeros de aventura quienes por segunda vez vivían la experiencia.
Al terminar la tarde el sol se ocultaba, el frío hacía presencia con la noche. La oscuridad aumentaba con la adrenalina y el miedo. Mario decidió preparar un nuevo brebaje. Esta vez, la idea era aumentar la dosis: "en medio de la realidad y la alucinación caminábamos entre el bosque con solo la luz de la luna y la fogata que improvisadamente realizamos mezclando cera para pisos, madera y hojas, logramos recolectar más de sesenta hongos de diferentes especies. Esta vez la experiencia tenía que ser más fuerte".
El encuentro con lo natural
Los tres realizaron el mismo proceso, mezclaron los ingredientes, la idea era llegar al estado deseado: un viaje que los ayudará a entender más.
"Todo fue diferente, los colores cambiaban, la naturaleza hacía su majestuosa presencia, los insectos parecían criaturas mitológicas llamándonos a la reflexión y al entendimiento". Nicolás parecía un niño persiguiendo mariposas y jugando con cuanto bicho raro se cruzaba en su camino. Lo extraño es que desde muy pequeño le ha tenido miedo a los animales, pues como el dice, siempre ha sido muy citadino y en medio de las calles y los edificios de Bogotá no se ven muchos insectos ni animales diferentes a los domésticos.
Ya habían pasado más de ocho horas y el viaje no terminaba, "a veces me encontraba con mis amigos y vivíamos experiencias en grupo, sonreíamos jugábamos y compartíamos, parecía que estuviéramos destinados a vivir esto juntos", durante la noche todo era relativo, salían y entraban en estados de alucinación en cuestión de segundos. Luego de una noche y más de doce horas de trance, los efectos se apacigüaban y una sensación de plenitud y bienestar entraban lentamente en la mente y en el cuerpo de los viajeros.
Paz y Renovación
Varios amigos de Nicolás aseguran que desde que iniciaron el proceso son personas nuevas, con más amor por la vida y por sus seres queridos. Después de tres viajes a Villa de Leyva, lugar que frecuentaba Nicolás para practicar deportes extremos, se encontró con la más extrema de las experiencias: "acá la adrenalina es pura y la liberación mental es verdadera. Si uno quiere salir de la rutina y encontrar un lugar de paz y armonía no hay mejor remedio que el viaje con los hongos".
Tanto Mario como Claudia se levantaron en la mañana para reflexionar acerca de lo ocurrido. Sentados sobre unas piedras y con nada más que un kilómetro de bosque a su alrededor, los árboles y el brillante sol que ya había hecho su puntual presencia, eran los únicos testigos de la más extraña pero enriquecedora conversación que estos tres amigos habían tenido en sus dos años de aventuras juntos. "Yo vi colores que nunca había visto", afirmaba Claudia. "Yo creo que esta vez sí voy a cambiar mi actitud pasiva frente a la vida", decía Mario con una voz ronca y la frente levantada; orgulloso por lo que había hecho y optimista frente a lo que se avecina. Nicolás, más callado que de costumbre, solo se dedicaba a escucharlos y a mirar a su alrededor.
Estos tres jóvenes estudiantes de publicidad de una prestigiosa universidad del centro de Bogotá, decidieron iniciar un camino que los ayudara a salir de su rutina, abandonar la vida de rumba que ofrece las frías noches capitalinas, e iniciar un camino que para ellos es más puro y espiritual: " los hongos son naturales, ahí no hay químicos, ¿qué daño le puede causar a alguien algo que sale de la naturaleza?", manifiesta Nicolás.
Lo cierto es que en un mundo, de culturas de masas, donde pocos se detienen a reflexionar sobre la vida, ésta se revela. Desde sus más apartados bosques, florecen de la nada hongos alucinógenos, plantas de ayahuasca, yopo y otras tantas bebidas ancestrales que las comunidades indígenas han utilizado por generaciones para encontrar un estado de iluminación y redención, frente a un planeta que cada día se ve más contaminado por el odio, la apatía y el desamor.
Como Nicolás, Mario y Claudia, son muchas las personas en Colombia que afirman encontrar en plantas milenarias las respuestas a una vida a la que le encuentran sentido, a pesar de ser miembros de familias acomodadas, con una educación formal y un futuro más prometedor que el de muchos colombianos. Ellos han encontrado algo que no les ha dado ni las aulas de clase, ni la formación religiosa que sus familias les han inculcado durante toda su vida.
Hoy, en un mundo de tecnologías, de ciudades enormes y creencias efímeras, la humanidad sigue buscando respuestas y lo cierto es que el hombre seguirá siendo pequeño dentro de un universo de culturas, de creencias y siglos de evolución.

me parece un bbuen reportaje, pero tienes que procurar enfocarte mas en el hongo como tal el atractivo de villa del hongo, el por que ?, que es lo que da para que tantas personas quieran consumirlos con aguadepanela o leche condensada.
me gusto
pues nada ya sabes. ponga un hongo en su vida. ahora en serio, yo creo que lo importante no son las respuestas, sino las preguntas que te haces y la forma de vuscar esas respuestas.
en un hongo? pues no creo que sea la mejor solución. pero si a ellos les sirvió... pues nada. lo dicho ponga un hongo en su vida.
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