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‘A cambio de fiesta de 15, quiero senos grandes'

 

LOS MENORES DE EDAD TRAS EL QIROFANO

Por:

Nataly Arango

 

Son jóvenes sin defectos físicos remarcables, pero su obsesión por tener un cuerpo perfecto les conduce directamente al quirófano. Las cirugías plásticas en menores de edad son cada vez más frecuentes; ellos se han convertido en el blanco más fácil para las clínicas de belleza.

A Paola Andrea García, una joven de tan solo 16 años, la obsesión la asaltó en el viaje de excursión con sus compañeras de colegio en las islas de San Andrés. Allí, según cuenta, se sintió "menor" frente a sus demás amigas. En ese instante, en medio del sol y de la playa, empezó su mayor tormento por la belleza.

"El vestido de baño y las blusas de tiritas eran mi mayor temor y mi más obsesivo complejo. Me miraba todo el tiempo y me comparaba todo el tiempo con ellas", cuenta esta estudiante de once grado, del colegio Bethlemitas, ubicado en el norte de Bogotá.

Antes del viaje, Paola Andrea ya tenía un complejo. "En el colegio mis compañeras eran más conocidas y sentía, en muchos momentos, que los muchachos casi no me paraban bolas. Ellos decían que yo era bonita, pero yo sabía que mis amigas llamaban más la atención", relata esta joven alta, de cabello largo, color miel.

 

La excursión fue en diciembre del 2008. Tres meses después, a comienzos de marzo de este año, Paola Andrea ya estaba metida en un quirófano de la clínica Ciruláser, adscrita a la prestigiosa Fundación Santa Fe. "Me daba miedo operarme y entrar al quirófano, pensaba qué tal me muera, pero como dicen por ahí, las ganas le pueden al miedo; en este caso la obsesión le pudo al miedo. Esa noche no dormí en pensar en mi cirugía y como el mundo me iba a cambiar a partir de ese momento", afirma Paola.

En una operación que duró aproximadamente dos horas y media, los médicos le realizaron lo que se conoce en el mundo científico como ‘mamoplastia de aumento', que no es otra cosa que un implante y aumento de senos.

La cirugía tuvo un costo de 5 millones de pesos, dinero que salió de la mamá de Paola, Consuelo Sanclemente, dedicada al comercio. La mujer quedó sorprendida cuando su hija, a quien no le celebraron en su momento los 15 años, le sentenció, directo a los ojos: "A cambio de fiesta, quiero ponerme senos".

"¿Cómo mi hija me va a pedir esto?", se preguntó, conmocionada, Consuelo. "Qué va a pensar uno que un hijo le va a salir con esto. Yo sé que ella vivía mirándose al espejo todo el tiempo, pero no la quise apoyar", recuerda la madre.

No obstante, luego de que la mujer se percató de que su hija efectivamente sufría una verdadera obsesión, decidió apoyarla. Ella no quería que Paola Andrea se le midiera sola a una cirugía y, probablemente, de forma clandestina. "Me daba miedo que mi hija se muriera, por que ella estaba decidida a todo sin medir las consecuencias de lo que le pudiera pasar en el quirófano y este hubiera podido llegar a ser un cargo de conciencia para toda mi vida donde a mi hija le hubiera pasado algo y yo le hubiera dado la espalda", cuenta Consuelo.

Así, Consuelo inició un recorrido por centros de cirugía plástica en Bogotá, una ciudad donde, según cifras de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva, hay por lo menos 700 médicos especialistas.

En los últimos cinco años, el sector se ha convertido en uno de los más boyantes de la economía nacional, pues anualmente se pueden reportar hasta 10 mil intervenciones en menores y mayores de edad y en público extranjero. "Los menores de edad ven en los quirófanos una puerta hacia la felicidad", según el informe de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Facultad de Psicología. Pero los expertos insisten en que con 16 ó 17 años no se tiene una preparación psicológica suficiente para afrontar los resultados de una intervención de este tipo.

Pero en las jovencitas como Paola Andrea, además de los complejos de inferioridad y la estética fomentada por la televisión, también juega a favor el costo de las intervenciones.

"La insatisfacción nunca se termina de llenar", comenta la psicóloga Cristina Cortés; ella cree que la cirugía estética es una herramienta que bien utilizada puede ayudar, pero que sí están creando necesidades, habría que valorarlo también, la adolescencia es un momento de cambios físicos importantes, por lo que psicológicamente se tratan de curar posibles complejo para evitar someterse a una operación. El inicio de estos posibles traumas se suelen encontrar en la propia familia, colegio y amigos, "en el colegio mis compañeras era conocidas y yo me acomplejaba por que los hombres decían que yo era bonita pero me faltaba algo".

 

Hasta hace relativamente poco tiempo, este círculo vicioso era más propio de estrellas de cine o mujeres con imagen publica notoria. Sin embargo, actualmente, "la mayoría de demanda de cirugía estética se la hace la gente normal, oficinistas, estudiantes, empleados... aunque lo que aparece en la prensa es gente famosa", señala el Dr. Fernando Plaza, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica.

Adelaida Plaza, cirujana plástica, que opera en varias clínicas de Bogotá, advierte de los grandes riesgos que corren los menores de edad con estas intervenciones. Según ella, en Bogotá, de cada 10 cirugías, dos son en jovencitas.

"El crecimiento óseo no es claro antes de los 18 años y para realizar estas operaciones es conveniente que dicho mapa, que nosotros llamamos carpograma, esté claro", señala ella.

En el caso de los menores, afirma la experta, es necesario que los padres autoricen, por escrito, el procedimiento, para evitar cualquier inconveniente de tipo legal.

Incluso, este tipo de riesgos llevaron hace dos años a la ex actriz Lucero Cortés, hoy representante a la Cámara por Bogotá (Partido de la U), a radicar un proyecto de ley para calificar de "delito" la cirugía plástica en menores de edad en Colombia.

No obstante, el proyecto se hundió a los pocos meses de ser radicado, pues los legisladores consideraron que la responsabilidad exclusiva, en ese caso, estaba en los padres, y la ley no se podía extralimitar.

Actualmente, según la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, lo que más ha llamado la atención de los profesionales adolecentes que requieren intervenciones para mejorar su aspecto físico principalmente referidas a la nariz (rinoplastias), aumento de senos (mamoplastias) o corrección de orejas (otoplastias). Según cifras oficiales, el costo de una cirugía en el país puede estar hasta en un 80 por ciento por debajo de los otros países, hecho que incrementa la facilidad para que un menor de edad tenga mayor facilidad de acceder a un quirófano.

Hoy, Paola Andrea recuerda que el día antes de la cirugía sentía que se iba a morir. Pero siete meses después, sentada en un café de la calle 85, afirma ser feliz. "Ya todo me queda, me siento más segura, más sexy, por mis senos grandes".